¿Cómo obtenemos energía?
a) Necesidades energéticas. El cuerpo humano es una máquina que necesita un aporte constante de energía que se recibe a través del exterior mediante los alimentos, en forma de hidratos de carbono, proteínas y lípidos.
b) Nociones básicas de transformaciones energéticas celulares. Las células pueden obtener la energía por distintos procesos según sean vegetales o animales. Los primeros consiguen su energía a través de la fotosíntesis (CO2 H2O luz = glucosa) y los segundos mediante la metabolización de las grasas, los azúcares y las proteínas.
Tras la ingesta de alimentos, en nuestro organismo se inicia el proceso de digestión, con el que se consigue que los hidratos de carbono, las grasas y las proteínas se absorban, se oxiden posteriormente y proporcionen energía (kilocalorías (Kcal))
En resumen, se puede afirmar que toda la energía que necesita un organismo animal se obtiene por oxidación de los principios inmediatos que se encuentran en nuestros alimentos.
c) Metabolismo basal. Es la energía mínima necesaria para el correcto funcionamiento del cuerpo humano, resultado de la suma de las actividades metabólicas de todas las células de nuestro organismo.
Ejemplos del consumo basal más significativo son el recambio celular (constantemente mueren células que deben ser sustituidas) o la formación de sustancias como hormonas o jugos gástricos entre otras. Los órganos no cesan en su actividad: el corazón late las 24 horas del día, el riñón no interrumpe la formación de orina, etc.
d) Metabolismo energético total. Comprende el consumo de energía producido por el metabolismo basal, el gasto energético derivado del ejercicio físico y la termogénesis que incluye el consumo que producen los alimentos al ser digeridos, absorbidos y utilizados.
e) Factores que influyen sobre el metabolismo basal.
| FACTORES QUE DISMINUYEN EL METABOLISMO BASAL (MB) |
| A partir de los 20 años disminuye lentamente |
| Las mujeres tienen el MB ligeramente inferior (5-7%) al del hombre |
| Temperatura ambiente alta (verano) disminuye el MB |
| El hipotiroidismo disminuye el MB |
| FACTORES QUE AUMENTAN EL METABOLISMO BASAL (MB) |
| Los varones tienen el MB superior en un 5-7% |
| Temperatura ambiente baja (invierno) aumenta el MB1 |
| En época de crecimiento el MB aumenta |
| A medida que se sube con respecto a nivel del mar aumenta el MB2 |
| Determinadas drogas aumentan el MB3 |
| El hipertiroidismo aumenta el MB |
| Los estados febriles aumentan el MB un 13% por cada grado de temperatura |
| Durante el embarazo aumenta el MB unas 300 Kcal/día |
| En la lactancia el aumento del MB es de 500 Kcal/día |
1. Al disminuir la temperatura ambiente (invierno) el MB aumenta, ya que nuestro organismo necesita producir más calor para mantener la temperatura corporal.
2. A 3.000 metros el MB aumenta aproximadamente un 25%.
3. Principalmente nicotina, cafeína, simpaticomiméticos y adrenérgicos.
¿Qué comemos? ¿De qué nos alimentamos?
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Los nutrientes que contienen las sustancias que ingerimos son hidratos de carbono, grasas, proteínas, vitaminas, minerales y agua.
a) Hidratos de carbono (HC) o azúcares. Su función básica es proporcionar energía. En una dieta equilibrada, el 50-60% de la energía total debe ser aportada por los HC. Entre éstos se distinguen dos grupos en función de la velocidad de absorción: los simples, que son de absorción rápida (azúcar de mesa) y los compuestos, que son de absorción lenta (legumbres).
b) Lípidos o grasas. Tienen múltiples funciones, entre las que destacan la formación de membranas celulares, la síntesis de hormonas o la de reserva energética para utilizarla en momentos de escasez de energía.
Existen dos tipos de grasas en función de su saturación:
Grasas saturadas: Se encuentran en la grasa de origen animal y en el aceite vegetal de palma y de coco. Es la grasa relacionada con el colesterol. Alimentos ricos en grasas saturadas son, principalmente, la mantequilla, la margarina, los productos de pastelería, las galletas, las vísceras, las carnes rojas, los huevos y el marisco.
Grasas insaturadas: Se encuentra en los alimentos de origen vegetal, a excepción del aceite de coco y palma mencionados anteriormente. En este grupo se incluyen los aceites de oliva, girasol, maíz, soja y pepita de uva. Estas grasas se caracterizan principalmente por no aumentar el colesterol e incluso algunos aceites, como el de oliva, mejoran el perfil lipídico.
Los lípidos también pueden clasificarse según su consistencia a temperatura ambiente:
Aceite: cuando la grasa es líquida (aceite de oliva).
Grasa: cuando la grasa es sólida (manteca de cerdo).
Dentro del grupo de las grasas, las margarinas merecen mención aparte. Este alimento se fabrica mediante la mezcla de un aceite (maíz, girasol, etc.) con agua. El producto final es una grasa de consistencia sólida que, a pesar de estar elaborada con aceite vegetal, actúa como una grasa animal, ya que la adición de agua cambia la estructura química del aceite y éste se comporta como una grasa animal pudiendo aumentar los valores de colesterol.
c) Proteínas. Son los constituyentes más importantes del ser vivo. Se distinguen dos tipos:
Proteínas estructurales: son las que forman, principalmente, el músculo, colágeno, piel, cabello y uñas.
Proteínas con función metabólica y reguladora: en este grupo se encuentran las hormonas (troxina); las enzimas, intermediarios necesarios para que las reacciones químicas se produzcan; las gammaglobulinas, implicadas en los mecanismos de defensa; la albúmina, que es la proteína sanguínea más importante, y la hemoglobina, que está relacionada con los glóbulos rojos o hematíes.
Las fuentes más importantes son la carne, el pescado, los huevos, los cereales, las leguminosas y los frutos secos. La proteína más completa es la que proviene de origen animal, por lo que se aconseja que por lo menos el 50% de las proteínas consumidas sean de origen animal. En la práctica diaria se aconseja un aporte de 50-55 g de proteína en la mujer y de 65-70 g en el varón.
Fuentes de proteínas y su contenido en gramos:
| PESO | FUENTE DE PROTEINAS | GRAMOS |
| 100 gramos | Ternera | 19 g de proteína |
| 100 gramos | Caballo | 21 g de proteína |
| 100 gramos | Lomo de cerdo | 15 g de proteína |
| 100 gramos | Jamón serrano | 19 g de proteína |
| 100 gramos | Merluza congelada | 15 g de proteína |
| 100 gramos | Arroz | 7 g de proteína |
| 100 gramos | Pan | 9 g de proteína |
| 100 gramos | Espinacas | 3 g de proteína |
| 100 gramos | Garbanzos | 20 g de proteína |
| 100 gramos | Queso manchego semi curado | 27 g de proteína |
d) Vitaminas. Son sustancias orgánicas cuya función es hacer de intermediarios en distintas reacciones químicas y que el cuerpo humano es incapaz de sintetizar (formar). Las vitaminas no aportan energía, por lo que no provocan un aumento de peso. Se distinguen dos grupos de pelagra.
Vitamina B6 o piridoxina: las fuentes naturales son la yema de huevo, el pescado, la leche y la carne.
Vitamina B12 o cianocobalamina: se encuentra en la carne, hígado, riñón, pescado azul, huevos y productos lácteos. Los vegetales carecen de esta vitamina. Su déficit provoca un tipo de anemia denominada macrocítica.
Ácido fólico: está presente en el hígado, carne, espárragos, espinacas, guisantes, col y cereales. Su carencia provoca, al igual que la de la vitamina B12,anemia macrocítica; también se ha relacionado con el aborto espontáneo y con malformaciones del tubo neural como la espina bífida.
e) Minerales. Son sustancias inorgánicas de gran importancia en la formación y funcionamiento de nuestro organismo. Entre el 4 y el 5% del peso corporal se debe a los minerales. Los más importantes para nuestro organismo son los siguientes:
Calcio (Ca): interviene en la formación de huesos y dientes, y tiene un papel importante en la coagulación sanguínea y en la regulación de tejidos excitables (músculo). Aproximadamente nuestro organismo contiene entre 1 y 1,3 kg de calcio. Su déficit produce intosteoporosis en el adulto y raquitismo en edad infantil. El calcio se encuentra en la leche y en sus derivados (ya sean desnatados o enteros), espárragos, acelgas, habas, zanahorias, col, coliflor, apio, cebolla, almendras, verduras en general y aguas duras. Las necesidades de calcio varían en función de la edad, gestación y lactancia.
Recomendaciones de ingesta de calcio diaria para la población española
| Hasta 6 meses | 500 mg |
| Desde 6 a 12 meses | 600 mg |
| De 1 a 9 años | 800 mg |
| De 10 a 19 años | 1.000 mg |
| A partir de los 20 años | 800 mg |
| Gestación | 1.400-1.700 mg |
| Lactancia | 1.500-1.700 mg |
Ejemplos de contenido en calcio en los alimento en 100 g de porción comestible
| Pan de trigo | 56 mg |
| Judía verde | 51 mg/TD> |
| Galletas tipo "María" | 117 mg |
| Garbanzos | 143 mg |
| Judías secas | 126 mg |
| Aceitunas | 100 mg |
| Higos secos | 170 mg |
| Almendras | 254 mg |
| Pistacho | 136 mg |
| Leche de vaca | 120 mg |
| Queso manchego semi curado | 765 mg |
| Yogur natural | 142 mg |
| Sardina | 50 mg |
| Gallo | 33 mg |
| Naranja | 41 mg |
Fósforo (P): al igual que el calcio, el fósforo es necesario para la formación de los huesos y dientes. Las principales fuentes naturales son la leche y sus derivados, huevos, pescados, carnes, habas, zanahorias, trigo, guisantes, plátanos y tomates.
Hierro (Fe): forma parte de las estructuras transportadoras de oxígeno (hemoglobina). El hierro de los alimentos se absorbe muy poco, aproximadamente un 10%. Las principales fuentes se encuentran en las carnes, pescados, mariscos, huevos, frutos secos, cereales, coliflor, habas y espárragos. El déficit de hierro produce un tipo de anemia denominada microcítica.
Yodo (I): es un constituyente esencial de las hormonas tiroideas. Las carencias de yodo producen un aumento de tamaño de la glándula tiroides (bocio). Son alimentos ricos en yodo el pescado, marisco, setas, ajo, cebolla, espinacas, mantequilla y sal yodada.
Flúor (F): es importante para la formación de los huesos y los dientes. Actualmente se considera necesario para la prevención de la caries en la edad infantil. Se encuentra en pescado, marisco, productos lácticos, acelga, col, espinacas y sal fluorada.
Sodio (Na): resulta de gran importancia en el mantenimiento de la presión osmótica, al evitar la pérdida excesiva de agua y en la excitabilidad del músculo. Son alimentos ricos en sodio la sal de mesa, las conservas, aceitunas, embutidos, quesos, jamón, pescados secos y marisco.
Cloro (Cl): forma el ácido clorhídrico del estómago y, junto con el sodio, interviene en el mantenimiento de la presión osmótica. Fuentes alimentarias son el pescado, marisco, patata, espinacas, queso y huevos.
Potasio (K): está relacionado con la excitabilidad del músculo. Su déficit produce debilidad muscular,anorexia y taquicardia. Es abundante en los cereales, frutos secos, frutas, pescado y aves de corral.
Azufre (S): forma parte de compuestos orgánicos como la inculina, heparina, vitamina B1, metionina, cisteína, etc. Como el azufre forma parte de las proteínas, cuando el aporte proteico es correcto las necesidades del mismo están cubiertas.
Magnesio (Mg): entre sus funciones más importantes se encuentra la participación en la actividad nerviosa y muscular; también interviene en la formación de proteínas y participa en la metabolización de los HC. Cuando se produce un déficit de magnesio, éste se manifiesta clínicamente contracciones, temblores y debilidad musculares, apatía, taquicardia y depresión. Los alimentos ricos en magnesio son los cereales, vegetales y pescados.
Manganeso (Mn): es un activador enzimático. Valores bajos pueden producir pérdida de peso, dermatitis y náuseas. La fuente principal son los cereales, nueces, almendras y plátanos.
Cobre (Cu): Los alimentos más ricos en cobre son los mariscos, las nueces, las legumbres secas y las carnes.
Cobalto (Co): es necesario para la formación de vitamina B12. En una dieta equilibrada las necesidades se cubren satisfactoriamente.
Cinc (Zn): forma parte de un número importante de enzimas y tiene un papel importante en la síntesis del ácido desoxirribonucleico (ADN), del ácido ribonucleico (ARN) y de las proteínas. Se encuentra en las ostras, pescados, espinacas, legumbres y carnes.
Cromo (Cr): su presencia es necesaria para poder utilizar los HC. El cromo se encuentra en la levadura de cerveza, hígado y cereales integrales.
Molibdeno (Mo): se encuentra en las leguminosas y en el trigo.
Selenio (Se): protege a los lípidos de la membrana frente a la oxidación. Las fuentes ricas en selenio son los pescados y los mariscos.
¿Qué bebemos?
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a) Agua (H2O). Es un líquido incoloro, transparente, inodoro e insípido, compuesto por oxígeno e hidrógeno. Es la sustancia simple más abundante de la biosfera. El agua es el denominador común de la vida, sin agua ésta no existiría. El 97% del agua de nuestro entorno se encuentra en los mares y océanos; el 2,35% está en forma de nieve y hielo y del resto (0,65%) depende la vida de animales y plantas. El integrante más importante de nuestra dieta es el agua; sirva como ejemplo que en las frutas y verduras entre el 80 y el 90% de su peso es agua y en las carnes ésta llega al 60%. La excepción son los aceites, que están libres de agua. El ser humano no es una excepción en cuanto al contenido en agua; en el recién nacido el 80% de su peso es agua; en el adulto oscila alrededor del 60-65%, y en el anciano disminuye hasta el 58%. En las personas con exceso de peso estos porcentajes disminuyen, ya que aumenta la grasa y ésta sólo posee un 15% de agua. Las necesidades de agua de un adulto están estrechamente relacionadas con el clima, hábitos alimentarios, actividad física y necesidades metabólicas. En nuestro medio las necesidades de agua oscilan (según la estación) entre 1,5 y 2 l de agua al día. Las pérdidas de agua se producen por orina (1,5 l), la piel (0,6 l), la respiración (0,3 l) y las heces (0,2 l). La proporción de agua del organismo humano no puede sufrir muchas oscilaciones, ya que en ese caso se producirían graves enfermedades. Para que esto no ocurra, existen unos mecanismos reguladores. Uno de ellos es la sed, que controla las entradas y otro es el riñón, que regula las salidas.
b) Bebidas azucaradas. Las bebidas azucaradas o refrescos, entre las que se encuentran las limonadas, naranjadas, colas y tónicas, tienen poco valor nutritivo, ya que el contenido básico es agua y un edulcorante como la fructosa, glucosa o sacarosa. Las bebidas de frutas contienen aproximadamente un 6% de fruta, pero suelen carecer de vitamina C, ya que ésta es muy sensible al calor y a la luz. Desde un punto de vista nutricional, sólo aportan HC.
c) Bebidas alcohólicas. Su única importancia desde la vertiente nutricional son las calorías que aportan según los gramos de alcohol de la bebida y los azúcares. Un gramo de alcohol aporta 7 Kcal.
d) Leche. Es el primer alimento que reciben los mamíferos. Durante las primeras etapas del desarrollo es un alimento imprescindible. Después del destete, la mayoría de los mamíferos abandonan el hábito de ingerir la leche como un alimento, pero el ser humano, sobre todo de raza blanca, ha conservado la costumbre de seguir bebiendo leche. Ésta es un alimento del que se puede prescindir (después de la lactancia) siempre y cuando el aporte de calcio en la época de máximo crecimiento esté cubierto con otros alimentos. La leche de vaca contiene lactosa como HC, proteínas de alto valor biológico, grasa principalmente saturada, un 14% de colesterol, calcio, fósforo y vitamina A. Sin embargo, la leche es deficitaria en hierro. La leche desnatada contiene los mismos nutrientes que la leche entera excepto las vitaminas A, D, K, E y la grasa.
e) Té y café. No tienen valor nutritivo ni aportan calorías. Ambos poseen sustancias estimulantes (teína y cafeína) y astringentes (tanino).
Recomendaciones Nutricionales
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Los objetivos de las recomendaciones son mantener el peso correcto y evitar enfermedades relacionadas con una incorrecta alimentación, como el aumento del colesterol o de los triglicéridos o el incremento de la presión arterial, entre otras. Las indicaciones están dirigidas a personas adultas y sanas.
a) Por grupos.
Cereales y derivados (pan, arroz o pasta) y patatas: se pueden consumir diariamente y aportan HC complejos.
Verduras, hortalizas y frutas: se recomienda de 5 a 7 raciones diarias.
Leche y derivados: una o dos raciones diarias son suficientes, exceptuando las etapas especiales, como la del desarrollo puberal, el embarazo o la lactancia.
Legumbres: un consumo de una o dos raciones por semana es correcto, aunque puede aumentarse si se desea.
Huevos: éstos aportan proteína de alta calidad, con una buena relación calidad/precio. Debe limitarse la ingesta de huevos en las personas que presenten hipercolesterolemia; en estos casos se recomienda no sobrepasar de dos a cuatro a la semana.
Pescado, pollo y carnes magras: se recomienda el consumo de tres a cinco raciones de pescado a la semana, y de cuatro a seis entre pollo y carne magra.
Carnes grasas y derivados: dos o tres raciones por semana, aunque no son imprescindibles y pueden ser sustituidas por alimentos del grupo anterior.
Aceite: el más recomendable es el de oliva. Su consumo debe moderarse en personas con exceso de peso.
Pastelería, bollería y heladería: por su alto contenido en grasa animal (saturada) y azúcares simples, es recomendable restringir la ingesta. Sería recomendable no ingerir más de una o dos piezas por semana.
Bebidas azucaradas y bebidas alcohólicas: las bebidas azucaradas aportan básicamente HC y agua. Las bebidas alcohólicas, en líneas generales, aportan energía (calorías) e HC. Dada la toxicidad del alcohol sobre el hígado, se recomienda no consumir más de 40 g de etanol puro al día. En mujeres se aconsejan ingestas inferiores, ya que son más susceptibles al efecto tóxico del alcohol. Para obtener el contenido en gramos de etanol puro, sólo basta aplicar la siguiente fórmula:
| gramos de etanol = cc X grados X 0,8/100 |
donde, cc: centímetros cúbicos y grados: graduación alcohólica de la bebida.
| Por ejemplo, 200 cc de vino de 11 grados:gramos de etanol = 200 X 11 X 0,8/100 = 17,6 g. |
b) Por proporciones.
Grasas: se recomienda que de la energía total ingerida las grasas representen el 30-35%, repartidas en un tercio de origen animal y dos tercios de origen vegetal.
Proteínas: entre un 12 y un 15% de la energía consumida debe ser en forma de proteínas. La proteína de origen animal es de mejor calidad que la vegetal.
Hidratos de carbono: del 50 al 60% de las Kcal consumidas deben aportarse en forma de HC (simples y complejos). La ingesta total de Kcal en personas del sexo masculino deben ser de alrededor de 3.000 entre los 16 y los 40 años y hasta las 2.100 Kcal a partir de los 70 años. En el sexo femenino las necesidades se han de disminuir aproximadamente en un 15%. Situaciones especiales como el embarazo y la lactancia requieren un aumento de 250 y 500 Kcal, respectivamente.
Como es lógico, estas recomendaciones pueden variar sustancialmente en función de la actividad física.
¿Qué es la obesidad?
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La obesidad es una enfermedad crónica, que se caracteriza por un exceso de grasa, que a su vez se traduce en un aumento de peso. La obesidad es el trastorno metabólico más frecuente de las sociedades desarrolladas. Aunque estamos muy acostumbrados a oír la frase "mi exceso de peso es por retención de líquidos", hay que desmitificar esta creencia popular, ya que es muy poco frecuente que el aumento de peso se deba a una retención hídrica. Enfermedades como la insuficiencia cardíaca, renal o hepática, sí pueden ocasionar un aumento de peso a causa de la retención de agua que pueden provocar, pero este aumento de peso no debe considerarse obesidad, ya que ésta se produce cuando hay un aumento de grasa y en estos casos lo que se produce es un incremento de agua.
Existen algunas situaciones excepcionales en las que, los sujetos pese a tener un peso alto, no son obesos, como sucede en el caso de los culturistas, que presentan en realidad un desarrollo excesivo de la masa muscular.
La cantidad de grasa normal varía según el sexo y la edad.
Porcentajes normales de masa grasa, en tanto por ciento de peso corporal
| EDAD EN AÑOS | HEMBRA (%) | VARON (%) |
| 15-20 | 18-22 | 15-18 |
| 21-25 | 21-23 | 16-20 |
| 26-30 | 22-24 | 19-21 |
| 31-35 | 24-26 | 20-21 |
| 36-45 | 25-27 | 21-23 |
| 46-50 | 28-30 | 22-23 |
| 51-60 | 29-31 | 23-24 |
| >60 | 29-31 | 24-25 |
Clasificación de la obesidad
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Se emplean varios métodos para clasificar la obesidad, entre ellos los más utilizados son el índice de masa corporal (IMC) y la distribución de grasa corporal.
El cálculo del IMC es muy sencillo, basta con aplicar la siguiente fórmula:
| IMC = peso en kilogramos / talla en metros al cuadrado |
Por ejemplo, en una persona de 60 kg y 1,7 m de altura:
| IMC = 60 / (1,7)2 = 60 / 2,89 = 20,7 (normalidad). |
En el Consenso Español para la Evaluación de la Obesidad, la clasificación según el IMC se ha establecido en:
| IMC | Grado de obesidad |
| <18.5 | Peso insuficiente |
| 18.5-24.9 | Normopeso |
| 25-26.9 | Sobrepeso grado I |
| 27-29.9 | Sobrepeso grado II (preobesidad) |
| 30-34.9 | Obesidad de tipo I |
| 35-39.9 | Obesidad de tipo II |
| 40-49.9 | Obesidad de tipo III (mórbida) |
| >50 | Obesidad de tipo IV (extrema) |
La distribución de la grasa posee una gran importancia a la hora de predecir las posibles complicaciones derivadas de la obesidad. Se diferencian distintos tipos según el predominio de la grasa:
a) Obesidad androide o central o abdominal (en forma de manzana): el exceso de grasa se localiza preferentemente en la cara, el tórax y el abdomen. Este tipo de obesidad se asocia a un mayor riesgo de dislipemia, diabetes, enfermedad cardiovascular y de mortalidad en general.
b) Obesidad ginoide o periférica (en forma de pera): la grasa se acumula básicamente en la cadera y muslos. Este tipo de distribución se relaciona principalmente con problemas de retorno venoso en las extremidades inferiores (varices) y con artrosis de rodilla (gonartrosis).
c) Obesidad de distribución homogénea: es aquella en la que el exceso de grasa no predomina en ninguna zona del cuerpo.
Para saber ante qué tipo de obesidad nos encontramos hay que dividir el perímetro de la cintura por el perímetro de la cadera. En la mujer, cuando es superior a 0,9, y en el varón cuando es superior a 1, se considera obesidad de tipo androide.
Con el cálculo de la circunferencia de la cintura podemos establecer la obesidad de mayor riesgo, ya que los datos referidos a la circunferencia de la cintura de la población española permiten estimar parámetros de riesgo a partir de 95 cm en varones y 82 cm en mujeres, y riesgo muy elevado a partir de 102 cm en varones y 90 cm en mujeres.
Factores que influyen en el origen de la obesidad
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La obesidad es una enfermedad en la que se encuentran implicados múltiples factores y muchos de éstos todavía no son muy bien conocidos. Actualmente, en algunos casos de obesidad, no podemos responder por qué una persona puede llegar a ser obesa. Tres factores básicos están implicados en la génesis de la obesidad, genético, ambiental y el sedentarismo, y otros menos importantes cuantitativamente como son los producidos por medicamentos o por distintas enfermedades.
a) Factor genético. Con los conocimientos actuales es muy difícil poner en duda que algunas obesidades están escritas en el código genético, aunque parece que este factor aislado no es suficiente para que aumente la reserva grasa, si no se añaden otros. De la historia contemporánea podemos extraer varios ejemplos en los que se intuye que la carencia de alimentos es un factor determinante sobre el factor genético. Sería el caso de países azotados por guerras, los campos de concentración, las zonas pobres como el África subsahariana, en los que encontrar el problema de la obesidad es más bien una quimera.
b) Factor ambiental. Todavía permanecen en nuestra memoria colectiva los binomios delgadez-enfermedad, obesidad-salud, delgadez-pobreza y obesidad-riqueza. En nuestro medio estas asociaciones se han visto reforzadas por dos acontecimientos, la eclosión de la tuberculosis (TBC) y la Guerra Civil española. En la época en la que no existía un tratamiento adecuado para la TBC se recomendaban reposo y sobrealimentación, creándose una falsa relación entre obeso y curación, y delgadez y muerte. Esta memoria histórica transmitida de padres a hijos ha creado una tendencia a sobrealimentar a los niños, lo que puede dar como resultado un aumento de la obesidad en edades infantiles que posteriormente se transforman en obesidades adultas. El aprendizaje de los hábitos dietéticos en la edad infantil es muy importante, ya que condiciona los hábitos del adulto. Los binomios expuestos al principio de este apartado están cambiando lentamente, pero todavía un bebé "gordito" equivale a hermoso. De forma más rápida está cambiando la asociación peso-dinero, ya que en la actualidad la delgadez se relaciona con el éxito social hasta tal punto que a veces se producen distorsiones importantes en la esfera psíquica, que provocan enfermedades como la anorexia nerviosa.
Actualmente en las sociedades industrializadas la población suele seguir una dieta rica en grasas y con un aporte de kilocalorías superior a sus necesidades.
c) Sedentarismo. Las sociedades desarrolladas han evolucionado en pocos años de forma espectacular hacia el sedentarismo. Se pueden distinguir tres tipos: el de la actividad física programada, el de las actividades cotidianas y el producido por inactividad por enfermedad. Ejemplos de actividad física programada son los gimnasios, competiciones, carreras, etc. La actividad cotidiana serían los pequeños ejercicios que habitualmente se hacen sin que la persona sea consciente de ello; estas pequeñas actividades han demostrado ser más efectivas para la prevención del aumento de peso que la actividad programada. Con el ferrocarril, el teléfono, los vehículos de tracción motora, los ascensores, el mando a distancia o los servicios a domicilio la actividad física cotidiana ha disminuido de forma sustancial, lo que ha conducido a un menor gasto energético y a disponer de más tiempo libre, que muchas veces se dedica a comer, lo que lleva, como consecuencia directa, a un aumento de peso.
d) Enfermedades. El ovario poliquístico, el síndrome de Cushing, el hipotiroidismo, el hipogonadismo, el síndrome de Stein-Leventhal, el síndrome de Laurence-Moon-Bield, el síndrome de Carpenter, el síndrome de Summit, el síndrome de Cohen, la acromegalia, el síndrome de Prader-Willi o la bulimia suelen cursar con obesidad, aunque este grupo de enfermedades afecta a un porcentaje muy bajo del total de obesos.
e) Medicamentos. Los glucocorticoides, los antidepresivos tricíclicos y los estrógenos (anticonceptivos) son los fármacos más directamente relacionados con el aumento de peso.
Causas que con mayor frecuencia pueden desencadenar la obesidad
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a) Embarazo. Durante la gestación se producen una serie de cambios hormonales y psíquicos que a veces se acompañan de un aumento de la ingesta. El resultado final puede ser un excesivo aumento de peso, con un cambio en los hábitos alimentarios. Hay que recordar que durante el embarazo las necesidades energéticas aumentan entre 250 y 300 Kcal/día.
b) Lactancia. Con la llegada de un hijo suele aumentar el estado de ansiedad de la madre, y éste hace que muchas veces aumente la ingesta. Si a esto se añade el reposo preceptivo después del parto, el resultado puede ser un aumento de peso. Durante la lactancia las necesidades aumentan aproximadamente en 500 Kcal.
c) Menarquia. Durante esta etapa se producen importantes cambios hormonales, con un desarrollo físico y psíquico más acelerado que en etapas anteriores. Son frecuentes en esta etapa de la vida los cambios en el peso, aunque se desconoce su mecanismo.
d) Supresión de la actividad física. Paralelamente a la disminución del ejercicio se produce un descenso de las necesidades energéticas, que muchas veces no se acompaña de una disminución en la ingesta, lo que da como resultado un aumento progresivo de peso. Este efecto es más acentuado en los deportistas de elite o en aquellos que dedican varias horas al día a la práctica de ejercicio físico.
e) Abandono del tabaquismo. Al dejar de fumar puede producirse un aumento de peso que suele oscilar entre 3 y 10 kg. El tabaco, en concreto la nicotina, tiene poder anorexígeno (disminuye la sensación de hambre) y estimula la secreción de adrenalina. Estos dos mecanismos ayudan a regular el peso, a través de una reducción de la ingesta. Al dejar de fumar, además, se produce un estado de ansiedad, causado por la privación de la nicotina y por el cambio de hábito, que muchas personas intentan aliviar comiendo más, sobre todo alimentos ricos en hidratos de carbono.
f) Después de una intervención quirúrgica. En líneas generales, después de una intervención quirúrgica se produce una etapa de reposo que puede dar como resultado en algunos pacientes un aumento de peso.
¿Cómo se mide la obesidad?
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Existen varias técnicas para evaluar el grado de obesidad en el adulto, aunque muchas de ellas están reservadas al ámbito de la investigación. Citaremos las más útiles, y a la vez sencillas, que se utilizan en la práctica diaria.
a) Índice de masa corporal (IMC). También denominado índice de Quételet. Actualmente es el método más universal para valorar la obesidad (enlace cap. VI).
b) Impedanciometría. Mediante la medición de la resistencia de la piel y con un sofisticado sistema de cálculo (que actualmente realizan los ordenadores) se puede obtener el valor de los tres compartimientos que forman el cuerpo humano: compartimiento de agua, masa magra y grasa. A partir de este último se calcularán los márgenes correctos de peso.
c) Pliegues cutáneos. Con la generalización de la impedanciometría, la medición de los pliegues ha quedado relegada a un segundo plano, ya que el margen de error es superior al de la impedancia.
Epidemiología de la obesidad en España
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Actualmente en España se dispone de datos epidemiológicos sobre la prevalencia de la obesidad a través de diferentes estudios realizados en las Comunidades Autónomas (CCAA) del País Vasco, Madrid, Valencia y Cataluña. Entre los resultados obtenidos destacan los siguientes: la prevalencia de la obesidad (IMC > 30) es del 13,4%, siendo en varones del 11,5% y del 15,2% en mujeres. El sobrepeso afecta al 19,3% de la población, y se distribuye en un 23,3% en varones y en un 15,3% en mujeres. El 41,9% de la población mantiene un peso normal. La prevalencia de la obesidad aumenta progresivamente con la edad. A menor nivel socioeconómico y cultural, la prevalencia de la obesidad es superior. Esta prevalencia es mayor en las pequeñas poblaciones y en el entorno rural que en las grandes ciudades. España tiene un índice de obesidad inferior a países como los EE.UU., Alemania, Polonia o Hungría, pero superior al de Australia, los Países Bajos, Suecia, Francia y Bélgica.
Compliaciones de la obesidad
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La obesidad, además de asociarse a un aumento de la prevalencia de diferentes enfermedades como las cardiopatías, los accidentes cerebrovasculares o la dislipemia, es un factor de riesgo independiente, que se asocia a un aumento de mortalidad.
a) Diabetes Mellitus. Son muchos los estudios que relacionan el exceso de peso con un aumento de Diabetes Mellitus no insulinodependiente (DMNID). Estos datos avalan la tesis de que la obesidad es el factor de riesgo más importante para el desarrollo de la DMNID, hasta tal punto que el riesgo de diabetes aumenta paralelamente al incremento del IMC. Por contra, al disminuir el peso mejoran las cifras de glucemia y se optimiza el comportamiento de la insulina. Estos cambios muchas veces ya se producen con pérdidas moderadas de peso, que oscilan entre un 5 y un 10%.
b) Dislipemia. Las personas obesas tienden a presentar concentraciones altas de colesterol total, colesterol LDL (el denominado popularmente colesterol "malo") y triglicéridos, y valores bajos de colesterol HDL (conocido como colesterol "bueno o protector"). Esta tendencia hace que aumente el riesgo de aterogénesis. Al disminuir de peso, los parámetros alterados tienden a normalizarse, descendiendo los triglicéridos y el colesterol LDL, y aumentando el colesterol HDL.
c) Hipertensión arterial. La obesidad constituye un factor de riesgo tanto para su aparición como para su progresión. Aproximadamente el 50% de los hipertensos son obesos. Algunos estudios han valorado como más efectiva la pérdida de peso que el mantenimiento de una dieta baja en sal.
d) Enfermedades cardiovasculares. La obesidad por sí sola constituye un factor de riesgo para presentar enfermedades cardiovasculares, a lo que hay que añadir la reciente asociación de otros factores de riesgo como la hipertensión, la diabetes, el aumento de colesterol LDL o la disminución del colesterol HDL. Mención aparte merece la distribución topográfica de la grasa, considerándose un factor de riesgo cardiovascular la distribución de predominio abdominal (en forma de manzana).
e) Enfermedades digestivas. Los obesos presentan con mayor frecuencia litiasis biliar, esteatosis hepática y hernia de hiato.
f) Enfermedades respiratorias. Las personas con un exceso acentuado de peso movilizan menos los pulmones, con la consiguiente reducción del volumen pulmonar. Otra enfermedad relacionada con la obesidad es el síndrome de apnea obstructiva del sueño (SAOS). Los pacientes afectados de este síndrome son roncadores importantes; mientras duermen sufren paradas respiratorias (apneas), y presentan hipersomnia diurna, cefalea, falta de concentración e insuficiencia cardíaca.s
g) Alteraciones óseas y articulares. Es lógico pensar que el exceso de peso provoca alteraciones sobre el sistema esquelético, ya que nuestro cuerpo no está diseñado para soportar sobrepesos importantes. La obesidad provoca una erosión constante sobre la articulación, que degenera con mayor una mayor rapidez y que da como resultado final una artrosis, sobre todo intervertebral, y de la rodilla, cadera y tobillo. En el niño en edad de crecimiento la obesidad puede producir deformidades sobre los huesos. El aspecto positivo de la obesidad es que protege a la mujer de la osteoporosis.
h) Hiperuricemia. La obesidad se relaciona con un aumento de ácido úrico y éste, a su vez, puede provocar ataques de gota. i) Neoplasias (tumores malignos). La obesidad se asocia a una mayor mortalidad por cáncer de próstata y colorrectal en varones, mientras que en las mujeres la mortalidad se eleva en el cáncer de útero, ovario, endometrio, mama y vesícula biliar.
Tratamiento de la obesidad
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Todavía hay muchos interrogantes por resolver. No existe un tratamiento único para la obesidad; este dato es un reflejo de la dificultad que entraña la resolución del cuadro. Se sabe que no todas las personas responden de igual forma a un tratamiento y, aún más, que un paciente también puede responder de forma distinta a un mismo tratamiento realizado en distintos tiempos. Cualquier actuación terapéutica tiene que ser multidisciplinaria. El objetivo que se persigue es mejorar la salud del paciente reduciendo los riesgos secundarios. Muchas veces el objetivo será corregir las alteraciones metabólicas, aunque la reducción de peso no sea moderada y oscile entre un 5 y un 10%.
Los posibles tratamientos pueden resumirse de la siguiente manera:
a) Dietas hipocalóricas. Representan el eje central del tratamiento. Las dietas bajas en calorías pretenden conseguir un balance energético negativo, es decir, que entren menos calorías de las que salen. La dieta debe ser equilibrada en cuanto a los nutrientes, y se debe adecuar a los gustos, costumbres y horarios de los pacientes. Hay que procurar que no represente una ruptura con la dieta anterior o, por lo menos, que la transición sea progresiva. Es importante que sea variada, para que el paciente no caiga en la monotonía y abandone el tratamiento.
b) Ejercicio físico. El objetivo que se pretende es doble; por un lado, mantener el tono muscular y, por otro, aumentar el gasto energético. El ejercicio debe ser adecuado al estado del paciente; en obesidades importantes es aconsejable un ejercicio poco intenso como caminar. Hay que procurar que la práctica del deporte se haga en compañía, para evitar el aburrimiento y con ello el cese de su práctica. El ejercicio físico cotidiano (subir escaleras, caminar, hacer la compra, etc.) ha demostrado ser el más eficaz para disminuir y mantener el peso.
c) Psicoterapia. El soporte psicológico es básico en el tratamiento de la obesidad; someterse a una dieta baja en calorías supone prescindir de muchos hábitos de forma rápida. Las visitas, al principio, deben efectuarse con una frecuencia de aproximadamente 15 días, para posteriormente ir espaciándolas en función de la evolución clínica. El resultado final de un tratamiento sólo será exitoso si se consigue modificar la conducta alimentaria.
d) Fármacos. Los tratamientos de los que se dispone actualmente pueden resumirse en dos grandes grupos: en primer lugar, los que actúan sobre el sistema nervioso central disminuyendo la sensación de hambre y aumentando el metabolismo basal. El representante de este grupo sería la sibutramina (Reductil®), que ya esta comercializada en todo el continente americano, Alemania y Suiza. El segundo grupo estaría representado por el orlistat (Xenical®), que actúa inhibiendo la absorción de un 30% de las grasas ingeridas. Además, se cuenta con las fibras, que actúan mediante un ligero efecto saciante, pero que no pueden considerarse como un tratamiento de la obesidad. No obstante, no debe olvidarse que el tratamiento farmacológico es una ayuda, y que su uso racional puede, en algunos casos, ser de gran valor.
e) Cirugía bariátrica. La cirugía está indicada en obesidades muy importantes (IMC > 40). A través de la cirugía se consigue una disminución de peso bien mediante la reducción del volumen del estómago o con técnicas de derivación gastrointestinal que reducen la absorción de los alimentos.
d) Otros tratamientos. La introducción de un globo en el estómago para ocupar parte de su volumen y así conseguir que la ingesta sea menor no ha dado los resultados esperados. Por otra parte, la fijación de los maxilares, para evitar que el paciente pueda comer sólidos y su ingesta quede limitada a los líquidos es una técnica poco utilizada en nuestro medio, dado que sus resultados tampoco han sido satisfactorios.
Tratamiento de la obesidad en niños y adolescentes
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La obesidad infantil es un creciente problema de salud en los países occidentales. En un estudio realizado en los EE.UU. entre los años 1973 y 1994 se ha demostrado un aumento progresivo de la obesidad entre los 5 y 14 años, en un porcentaje que ha pasado de un 15% de obesos en 1973 a más de un 30% en 1994.
Partiendo de la base de que muchos obesos adultos inician su enfermedad en la infancia-adolescencia, los grandes esfuerzos dedicados a la prevención deben centrarse en esta etapa.
En general, se considera obesidad infantil la que se inicia a partir de los 3 años de edad, ya que los excesos de peso antes de esta edad no se consideran un factor de riesgo para la obesidad en el adulto.
La mayoría de los autores coinciden en que el tratamiento en edades tempranas debe tener como objetivo principal evitar que el niño en el futuro sea un adulto obeso y el propósito se debe conseguir con una alimentación adecuada, ejercicio físico y terapia conductual con el fin de cambiar los hábitos alimentarios para conseguir una alimentación adecuada.
El planteamiento del tratamiento del obeso infantil difiere notablemente del que se realiza en el adulto. En primer lugar, es muy importante que los padres entiendan que la base del tratamiento es conseguir que la familia cambie los hábitos alimentarios. No se puede pretender que dentro del núcleo familiar sóloel niño cambie de hábitos mientras el resto de la familia continúa con los antiguos. Los hijos tienden a identificarse con sus padres, lo que les lleva a imitar el comportamiento de sus progenitores; por consiguiente, en el futuro los hijos reproducirán los hábitos de sus padres y no aquellos que los padres han intentado inculcarles. Esto conlleva que es importante que toda la familia siga una alimentación lo más equilibrada posible, de cara a evitar el exceso de peso de los niños.
El agente más importante en el tratamiento de la obesidad infantil son los padres. Cuando los progenitores colaboran directamente en el tratamiento apoyando psicológicamente al niño e introduciendo los cambios de hábitos a todo el núcleo familiar los resultados son mejores.
Los tratamientos que se deben aplicar a los niños se reducen a preparar una dieta global para toda la familia en las comidas que se hagan conjuntamente, planificar las comidas regulares que se hacen individualmente, como son la de media mañana y la merienda y aconsejar el aumento de ejercicio físico, pero respetando la voluntad del paciente por pequeño que éste sea. La parte de la dieta que sea conjunta con el resto de la familia tendrá que ser pactada con el paciente y la familia y las comidas que realice de forma individual serán negociadas con el niño; se aconseja ceder en algún punto para que tenga algún aliciente y éste esté más motivado.
Hay que pensar que el objetivo principal no tiene que ser necesariamente perder peso, ya que esta etapa de la vida coincide con el crecimiento y si se consigue un peso estable el factor altura irá corrigiendo progresivamente la obesidad. El objetivo final del tratamiento de la obesidad infantil es conseguir un adulto con normopeso y con unos hábitos de vida y alimentarios correctos.
Es importante no magnificar el problema de peso y hacerle ver al niño que el médico está para ayudarle.
Dietas erróneas
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Debido a que la obesidad es una enfermedad crónica difícil de tratar, a su alrededor han surgido innumerables tratamientos "maravillosos", que no hacen otra cosa que desmotivar a los pacientes, ya que al prometerles grandes resultados (que nunca se cumplen a medio plazo) crean en ellos desconfianza y desazón. Dentro de esta oferta se encuentran las dietas "maravillosas", que en los últimos años han proliferado de forma extraordinaria, ofreciendo una información incorrecta y la obtención de unos resultados sin ningún tipo de esfuerzo. Esto ha llevado a que muchos pacientes, cansados de oír siempre lo mismo, fueran probando las distintas dietas que se les ofrecían. Algunas contienen toques exóticos, otras cómicos, pero la mayoría poseen un denominador común y es que a la larga son peligrosas y no sólo no consiguen cambiar los malos hábitos sino que acentúan los errores. Cada año (y sobre todo antes del verano) aparecen nuevas dietas, muchas veces utilizando personajes famosos que aseguran la solución del problema de la obesidad si se siguen sus postulados. En general estas dietas no tienen ningún fundamento científico y sí económico. Comentaremos a continuación algunas de los cientos de dietas que se han ofrecido a los obesos.
a) Dieta de Montignac. Se basa en el índice glucémico de los alimentos. Considera a la insulina el centro del problema y estigmatiza a la glucosa, a la que considera un producto tóxico. Estas dietas están basadas en una reducción importante de los HC que se sustituyen por grasas. El peligro de estas dietas es que producen pérdidas de proteínas, son cetogénicas, lo que implica una acidosis metabólica, pueden hacer perder minerales a través de la orina (como el calcio), son muy ricas en colesterol, disminuyen la reserva de glucógeno, limitan el aporte de vitaminas hidrosolubles, son pobres en calcio y magnesio, aumentan el ácido úrico y el colesterol LDL, producen estreñimiento y pueden llegar a ocasionar trastornos cardíacos. Cuando estas dietas se mantienen durante un período de tiempo largo se produce una disminución de la masa muscular muy difícil de recuperar.
b) Dieta de la Clínica Mayo. Ha sido constantemente negada por la propia clínica de Rochester (los incrédulos pueden adquirir el "Manual de dietética de la Clínica Mayo"). Se trata de dietas desequilibradas con un alto contenido en colesterol.
c) Dieta adelgazante para mejorar la sexualidad. Es una dieta a base de marisco y vitamina E. Se trata de una dieta cara, rica en colesterol y desequilibrada, y ningún estudio ha confirmado sus "mágicos" efectos.
d) Dietas disociadas. Permiten ingestas sin límites, pero sin mezclar HC con lípidos o proteínas. El riesgo de estas dietas es que para mantener el suministro de glucosa se produce una pérdida de proteínas.
Consejos generales para seguir una dieta
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Acuda a su médico para que le oriente.
Pacte con su médico unos objetivos alcanzables.
Realizar cinco comidas al día.
Planificar de antemano lo que se va a comer (sobre todo en fiestas).
Preparar las comidas cuando no se tiene hambr.
Ir a comprar con una lista cerrada.
Establecer un horario fijo para las comidas.
Comer sentado y sin prisas.
Intentar comer siempre en el mismo sitio.
Utilizar platos pequeños.
Masticar lentamente.
Comer a pequeños bocados.
No comer dos cosas a la vez.
No realizar otras tareas mientras se come (TV).
Beber entre 1.5-2 l de agua al día.
No picar entre horas.
Pesarse cada 7-15 días, y no cada día.
Buscar apoyo en la familia.
Hacer una dieta variada y equilibrada.
Evitar los fritos y rebozados.
Utilizar condimentos.
Intentar ser creativos en la cocina y apartarse de la monotonía.
Evitar aportes calóricos sin valor nutritivo (refrescos, alcohol).
Complementar la dieta con ejercicio físico adaptado a su estado.
Buscar un sitio cómodo para hacer ejercicio.
Practicar un ejercicio que le sea agradable y variable si le apetece.
Conseguir una pérdida de peso entre medio y un kilo por semana es correcto.
Una vez conseguido el objetivo hay que hacer una dieta de mantenimiento. Este paso es muy importante ya que la obesidad es un trastorno metabólico crónico y los pacientes tienen tendencia a recuperarlo. En esta fase es fundamental tener un contacto estrecho con su médico para poder ir corrigiendo pequeñas desviaciones en el peso.
Mitos (Conceptos erróneos)
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Normalmente, a los pacientes obesos, no se les detecta ningún problema hormonal.
El aumento de peso que se considera normal con el paso de los años es muy pequeño.
La sal no engorda. La sal es un mineral y no tiene calorías. Puede producir retención de agua en enfermedades como la insuficiencia cardíaca , renal o hepática, pero en personas normales no altera su peso.
El agua no tiene calorías, y esta propiedad se mantiene independiente del momento en que se ingieren los alimentos. Por lo tanto no engorda en ningún caso.
Todos los aceites vegetales (oliva, girasol, maíz...) tienen las mismas calorías.
La margarina vegetal tiene casi las mismas calorías que la mantequilla.
El pan tostado, los bastones, la corteza de pan, tienen las mismas calorías que la miga.
La leche de vaca descremada tiene los mismos nutrientes que la leche entera, a excepción de las vitaminas liposolubles (A, D, E y K) y las grasas. Su contenido en proteínas y calcio es el mismo que la leche entera.
La capacidad de engordar de la pasta, depende básicamente de la salsa que se utilice.
La miel es un azúcar con calorías.
Las vitaminas no engordan.
El comer rápido no influye sobre el peso, lo que suele ocurrir es que el comedor veloz ingiere más cantidad.
Los obesos absorben igual los nutrientes que los delgados.
El estreñimiento no tiene influencia sobre el peso.
¿Qué es lo que no hay que hacer?
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Intentar perder peso con tratamientos farmacológicos sin registro oficial.
Seguir un tratamiento si no especifica su composición cuantitativa y cualitativa.
Utilizar fórmulas magistrales (cápsulas milagrosas), en las que se mezclan diferentes compuestos como hormona tiroidea, diuréticos, anfetaminas, laxantes, cola de caballo, etc. El gran éxito de estos productos es que prometen pérdida de peso sin necesidad de someterse a una dieta. Sus peligros para la salud son evidentes: depresiones, psicosis, cuadros de ansiedad, hipertensión, arritmias cardiacas, fibrosis renal, tirotoxicosis etc. Actualmente están prohibidas por ley las asociaciones de dos o más principios activos para tratar la obesidad, así como los extractos de órganos o glándulas de origen humano o animal.
La hormona tiroidea no sirve para tratar la obesidad y, además, favorece el consumo de proteínas y disminuye el calcio óseo, acelerando la osteoporosis.
El uso de gonadotrofinas, diuréticos y laxantes no tienen ninguna indicación en el tratamiento de la obesidad.
Hay que desconfiar de los tratamientos que prometen grandes resultados sin esfuerzo o sin dieta.
Alejarse de las dietas que prometen rápidas pérdidas de peso, ya que la mayoría de estas dietas lo hacen a costa del agua corporal y la masa muscular, y no de la grasa como en realidad debería ser.
Últimos avances en el tratamiento de la obesidad
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En los últimos 5 años, las distintas líneas de investigación abiertas sobre la obesidad han ido produciendo noticias favorables sobre el tratamiento del exceso de peso. El resultado de muchos años de investigación se ha visto recompensado con la aparición de dos fármacos para tratar la obesidad: orlistat (Xenical®) y sibutramina (Reductil®). La sibutramina es un fármaco que produce una disminución del apetito. Por otro lado, el orlistat es un inhibidor de la lipasa intestinal e impide que el 30% de las grasas de la dieta se absorban. Lo novedoso de éste último es el mecanismo de actuación, ya que por primera vez se dispone de un fármaco con un efecto distinto a los actuales, que no actúa sobre el sistema nervioso central sino que lo hace de forma local, impidiendo parcialmente la absorción intestinal de grasas.
En fases anteriores se encuentran distintas líneas de investigación. Entre ellas destaca la diseñada y desarrollada en el Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona. La sustancia con la que investigan es el oleato de estrona. Esta molécula se produce en la célula grasa y parece actuar sobre el hipotálamo, disminuyendo el apetito y manteniendo la termogénesis. El oleato de estrona provoca en la rata una disminución del apetito y del peso corporal a expensas, sobre todo, del tejido adiposo. Todos los datos obtenidos hasta el momento han sido experimentados en ratas.
La leptina es una hormona que se sintetiza exclusivamente en las células grasas. Se sabe que el receptor se encuentra en el hipotálamo y que en personas obesas sus valores están aumentados. Los estudios realizados sobre algunas cepas de ratones han sido muy esperanzadores, pero por el momento no se ha confirmado en seres humanos.
Las proteínas desacopladoras (UCP) han abierto una nueva perspectiva en la ciencia de la obesidad y, en concreto, en la transformación de los nutrientes en calor (termogénesis). La primera en ser descrita ha sido la UCP, que sólo se encuentra en el tejido adiposo marrón, y que se sabe que desempeña un papel importante en el balance energético de los roedores. Posteriormente se ha identificado la UCP-2 que, a diferencia de la UCP, se ha localizado, además de en el tejido adiposo marrón, en el tejido adiposo blanco, músculo esquelético, riñón, corazón y otros órganos. La UCP-3 se expresa básicamente en el tejido muscular. Los estudios realizados hasta ahora se dirigen a responsabilizar a las UCP como reguladoras de la formación de calor (termogénesis). Si en estudios posteriores esta hipótesis se confirma en seres humanos podríamos afirmar que estas proteínas son las responsables de "quemar" las calorías que nos sobran.
Otra sustancia relacionada con la obesidad y la genética es el neuropéptido Y (NPY) que es un potente estimulador de la ingesta y que puede provocar obesidad.